Sermón de la obispa Minerva Carcaño
|
Obispa Minerva Carcaño, del área de Phoenix, predica durante el servicio de adoración del 27 de abril, en la Conferencia General 2008. Foto UMNS por Paul Jeffrey.
|
Por Humberto Casanova
April 30, 2008 | FORT WORTH, Texas (UMNS)
Cada cuatro años, la Conferencia General de la Iglesia Metodista Unida se reúne para fijar la dirección de la denominación para el siguiente cuadrienio. La Conferencia General 2008 se reúne del 24 de abril al 2 de mayo, en Fort Worth, Texas. El tema de este año es: “Un futuro con esperanza: Haciendo discípulos para la transformación del mundo”.
El culto de la mañana del domingo 27 de abril, estuvo a cargo de la obispa Minerva Carcaño. El sermón se tituló “Una esperanza más allá de nuestras fuerzas” y se basó en Marcos 5:1-20, que trata de cómo Jesús liberó a un hombre endemoniado que vivía en los sepulcros.
Carcaño elaboró que se trataba de un hombre trastornado expulsado de la comunidad. Su lugar estaba entre los muertos más allá de toda esperanza. “Pero Jesús”, explicó Carcaño, “siempre encuentra la forma de llegar a los lugares de tremendo sufrimiento para encontrar a quienes sufren sin que nadie los note”.
Carcaño afirmó que este es un relato simbólico en el cual el endemoniado representa el sufrimiento de toda la comunidad. Vivía en tierra pagana bajo dominación romana. El enfermó “se impregnó de la ansiedad de un pueblo oprimido social, económica, política y religiosamente”.
Pero Jesús viene a liberarnos de los sepulcros de nuestras vidas, para darnos vida. Con su toque misericordioso, Jesús sana al endemoniado.
Ocurrió que Jesús dejó que los demonios entrasen en una manada de cerdos que se lanzaron al lago y murieron. La gente del pueblo sale a ver el cambio ocurrido en el que una vez fue un endemoniado. Uno espera que la comunidad se alegre, pero lo que encontramos es temor, porque “¡¿Quién en su sano juicio quiere cambio?! Ya estaban acostumbrados al endemoniado, acostumbrados a ignorarlo y maltratarlo”.
Además, ¡Jesús arruinó la economía de la comunidad al dejar que los cerdos se precipitasen por el barranco! La gente diría que Jesús hizo todo esto por un hombre que no lo merecía. Esta actitud le recuerda a Carcaño cómo responde la gente cuando Jesús sana a miles de inmigrantes que van por el mundo. “Hoy los inmigrantes de todo el mundo sufren tratando de escapar de la opresión religiosa, política y de la pobreza”.
Conocida por su trabajo de abogacía a favor de los inmigrantes, la obispa comentó: “En el área donde yo sirvo, el desierto se traga a cientos de hombre, mujeres y niños cada año, cuando viajan hacia el norte a fin de alimentar, vestir y dar techo a sus familias”. Se trata del desierto de Arizona, donde las temperaturas llegan a los 120 grados. Muchos terminan sin agua ni alimentos, desorientados y con sus pies hinchados. En pocos días, el crudo clima termina llevándolos a un estado de demencia y muerte.
“Me llena de orgullo”, dijo Carcaño, “que los metodistas unidos estén llevando agua y cuidados a los inmigrantes de la frontera. Otros realizan un trabajo de abogacía para conseguir una reforma a las leyes de inmigración. ¡Gracias a Dios por todos ustedes!”
Pero hay otros metodistas que le escriben cartas a la obispa para decirle que debería avergonzarse por apoyar el que se dé agua a los inmigrantes en el desierto y le dicen que no se atreva a usar un centavo de su dinero en los inmigrantes. La amenazan diciendo que si ella usa dinero de la iglesia para ayudar a los inmigrantes, dejarán de ofrendar.
Pero Carcaño no puede comprender cómo podría un cristiano desear que alguien muera en el desierto. “El desierto del sur, en este país, ha llegado a ser nuestro propio cementerio de Gerasa, en donde hemos abandonado a quienes Jesús tiene por nuestros hermanos y hermanas”.
“Jesús no es Americano, ni alemán, filipino o liberiano… Jesús tampoco está limitado por las leyes de inmigración de los Estados Unidos. Jesús está por sobre todo eso. Jesús es el Hijo del Altísimo que vino a proclamar las buenas nuevas a todos los atormentados… y que el reino de Dios se ha acercado”.
Hoy hay cientos de miles de inmigrantes y refugiados en todo el mundo. La pobreza afecta a nuestros hermanos y hermanas de África, Asia, Europa, Medio Oriente, América Latina, Caribe y los Estados Unidos. La economía global sigue recogiendo lo mejor del mundo para unos pocos, mientra deja a la gran mayoría de los hijos de Dios al borde de la muerte.
“Pero la economía global también contiene un elemento racista que nos acerca a la muerte. El hoy que yo esté predicando desde un púlpito hecho de los despojos de un árbol arrasado por el huracán Katrina, es un recordatorio de que los Estados Unidos no ha podido responder a las necesidades básicas de las personas más afectadas por el huracán. No puedo dejar de pensar que el hecho de que los más afectados son negros es algo que ha afectado nuestra voluntad pública para responder con esa profunda compasión que se necesita para restaurar la vida en dicha área, incluso después de tanto tiempo de haber ocurrido la tragedia”.
La pobreza en el mundo es un producto del racismo y el clasismo que afecta a gente de todo color y cultura alrededor del mundo. La pobreza que fuerza a los necesitados a vivir entre los muertos es cruel, complicada y difícil de eliminar.
“No estoy segura”, añadió Carcaño, “de que nosotros los metodistas unidos podamos eliminar la pobreza… no somos lo suficientemente inteligentes, disciplinados o compasivos. Pero no pierdo esperanza… de que hay esperanza, más allá de nosotros mismos, en Jesucristo, quien es lo suficientemente inteligente, disciplinado, compasivo y lleno de amor y poder, para trabajar con nosotros y a través de nosotros para eliminar la pobreza”.
Carcaño relató dos experiencias, una en África y otra en los Estados Unidos. En ambos relatos se podía ver cómo la esperanza, en situaciones sin solución, “es una esperanza que va más allá de nosotros mismos”.
Por último, la obispa habló del miedo que viene de ver la enormidad de la tarea por delante, miedo de se abrumados por demandas tan grandes, miedo de los pobres que nos rodean. Pero no debemos escondernos detrás del temor. Parte de nuestro temor viene de la culpa de ser cómplices en la pobreza del mundo, porque “muchos de los que vivimos en los Estados Unidos somos ricos más allá de lo que merecemos o necesitamos… y no usamos los recursos como Dios quisiera que los usáramos”.
“Creo en una esperanza que va más allá de nosotros mismos. Creo en Jesucristo, quien vencerá la pobreza en comunidad con los pobres. Y pido en oración que estemos con él el día que esto ocurra”.
Para más información, escriba a abachus@umcom.org o hcasanova@umcom.org. |